Natural no significa inocuo
Esta es una idea que para mí debería acompañar todo aprendizaje sobre plantas.
Que algo provenga de la naturaleza no significa automáticamente que sea seguro para todas las personas, en cualquier cantidad y en cualquier circunstancia.
Las plantas contienen sustancias biológicamente activas.
Por eso pueden tener efectos.
Y justamente por eso necesitamos aprender a utilizarlas.
Esto es especialmente importante cuando hablamos de aceites esenciales, porque son sustancias muy concentradas.
La vía de utilización, la dilución, la cantidad, la frecuencia, la edad, determinadas condiciones personales y posibles interacciones con medicamentos son aspectos que deben considerarse.
Por eso no me interesa enseñar Aromaterapia como una colección de recetas mágicas.
Me interesa enseñar qué estamos haciendo y por qué.
¿Y qué pasa con los macerados?

Además de las infusiones, decocciones y oleatos, existen otras formas de preparar plantas.
Los macerados, por ejemplo, consisten en mantener el material vegetal en contacto con un líquido apropiado durante un tiempo determinado, generalmente sin aplicar calor intenso.
El líquido utilizado puede variar según aquello que queremos obtener.
La maceración puede utilizarse como parte de diferentes procesos de elaboración y extracción.
Y nuevamente aparece la misma pregunta:
¿Qué quiero extraer y cuál es el medio adecuado para hacerlo?
La respuesta determina buena parte del proceso.
La planta también importa
Hay otro aspecto que a veces olvidamos cuando hablamos de preparados caseros:
la materia prima.
No alcanza con saber que queremos hacer una infusión de determinada planta.
Necesitamos saber qué planta tenemos.
Parece obvio, pero no siempre lo es.
Una correcta identificación botánica es fundamental cuando vamos a trabajar con plantas.
También importa su procedencia, cómo fue cultivada, cómo fue cosechada, cómo fue secada y cómo fue almacenada.
Una planta de buena calidad puede perder parte de sus características si fue mal conservada.
Y una planta incorrectamente identificada puede representar un riesgo.
Por eso aprender sobre plantas también significa aprender a reconocerlas y seleccionarlas.
La importancia de la cantidad
Otra de las grandes diferencias entre conocer una planta y simplemente haber leído sobre ella en internet es entender que la cantidad importa.
Más no significa mejor.
Y esto vale especialmente cuando hablamos de sustancias concentradas.
No podemos trasladar automáticamente una receta de un preparado a otro.
No podemos asumir que duplicar una cantidad va a duplicar un beneficio.
Y mucho menos podemos pensar que, si algo es natural, podemos utilizarlo sin límite.
La dosis y la forma de utilización son parte del conocimiento.
¿Y cuánto tiempo se conserva un preparado casero?
No existe una única respuesta.
Depende del tipo de preparado.
Una infusión preparada con agua no tiene las mismas características de conservación que un oleato.
Una preparación que contiene agua y otros ingredientes puede tener una estabilidad diferente de un aceite.
La higiene durante la elaboración, el tipo de envase, la exposición a la luz, la temperatura y la presencia de agua son algunos de los factores que pueden influir.
Por eso, cuando elaboramos nuestros propios preparados, también tenemos que aprender sobre conservación y estabilidad.
Hacer un preparado es solamente una parte del proceso.
Saber cuidarlo después también forma parte de aprender.
Aprender haciendo

Hay una razón por la que me gusta tanto enseñar a través de la práctica.
Porque podemos leer diez veces cómo se prepara una infusión.
Podemos mirar veinte veces cómo se hace un oleato.
Podemos memorizar las diferencias entre una decocción y una maceración.
Pero cuando tenemos la planta en nuestras manos, cuando la observamos, la olemos, la pesamos, elegimos el medio de extracción y hacemos nuestro propio preparado, algo cambia.
El conocimiento deja de ser solamente información.
Se convierte en experiencia.
Y la experiencia nos permite comprender cosas que muchas veces no aparecen en un listado de propiedades.
Cómo se comporta una planta.
Cómo cambia su aroma.
Cómo cambia su textura.
Cómo responde al agua.
Cómo responde a un aceite.
Cómo evoluciona un preparado con el paso de los días.
Eso también es aprender.
Recuperar saberes, pero con conocimiento
Durante mucho tiempo, muchos de estos saberes formaron parte de la vida cotidiana.
Nuestras abuelas sabían preparar infusiones, cataplasmas, jarabes caseros, macerados y diferentes remedios con las plantas que tenían disponibles.
Hoy podemos recuperar parte de esos conocimientos.
Pero recuperarlos no significa repetir exactamente todo lo que se hacía antes.
Tenemos algo que ellas no siempre tenían:
acceso a mucha más información.
Podemos estudiar las plantas.
Conocer sus componentes.
Comprender sus mecanismos de acción.
Investigar sus posibles interacciones.
Conocer sus contraindicaciones.
Y también reconocer los límites de lo que podemos hacer en casa.
Para mí, recuperar saberes y aprender de la naturaleza no significa volver atrás.
Significa tomar ese conocimiento, estudiarlo, experimentarlo y hacerlo parte de nuestra vida actual.
De la alacena a tus propias manos
Quizás ese sea el verdadero recorrido.
Primero descubrís que tenés plantas en casa.
Después empezás a conocerlas.
Luego aprendés qué parte utilizar.
Después descubrís que no todas se preparan de la misma manera.
Y finalmente empezás a elaborar tus propios preparados.
Una infusión.
Una decocción.
Un oleato.
Un macerado.
Un preparado sencillo.
Y cada vez que hacés uno, aprendés algo más.
Porque el objetivo no es llenar la cocina de frascos.
El objetivo es saber qué estás haciendo.
La autonomía empieza por aprender
Para mí, aprender sobre plantas tiene mucho que ver con recuperar una relación más activa con nuestra propia salud.
Observar. Preguntar. Investigar. Aprender.
Experimentar responsablemente.
Y saber también cuándo necesitamos recurrir a un profesional de la salud.
No se trata de reemplazar una cosa por otra.
Se trata de ampliar nuestros conocimientos y nuestras herramientas para poder participar de manera más consciente en las decisiones relacionadas con nuestro bienestar.
Porque cuando conocemos nuestros recursos, dejamos de depender exclusivamente de que alguien nos diga qué hacer.
Podemos empezar a hacer mejores preguntas.
Y también mejores elecciones.
¿Querés empezar a aprender con las plantas que ya tenés en casa?
No necesitás comenzar comprando veinte plantas medicinales ni llenar una estantería de frascos.
Podés empezar por algo mucho más sencillo.
Abrí tu alacena.
Mirá las hierbas.
Mirá las especias.
Mirá las raíces.
Mirá las semillas.
Y preguntate:
¿Qué sé realmente sobre esta planta?
Quizás descubras que detrás de ese pequeño frasco de romero, de esa raíz de jengibre o de esas flores de manzanilla hay muchísimo más conocimiento del que imaginabas.
Y ese conocimiento se puede aprender.
Se puede experimentar.
Y se puede llevar a la vida cotidiana.
Porque aprender sobre plantas no es solamente saber para qué sirven.
Es aprender a conocerlas, prepararlas y utilizarlas de manera responsable.
Y ese es un viaje que recién estamos empezando
Si este artículo te dejó pensando o sentís que es momento de empezar a mirar tu salud de otra manera, me encantará seguir la conversación.
En Vibraesencia creemos que las mejores decisiones nacen del conocimiento, la observación y la confianza en una misma.